volver y seguir defendiendo la Patria
- April 2, 2026
- 0
En pleno auge por los resultados electorales, y con la firmeza de querer llevarse “todo por delante”, Javier Milei había decidido dar un golpe sobre la mesa y
En pleno auge por los resultados electorales, y con la firmeza de querer llevarse “todo por delante”, Javier Milei había decidido dar un golpe sobre la mesa y
En pleno auge por los resultados electorales, y con la firmeza de querer llevarse “todo por delante”, Javier Milei había decidido dar un golpe sobre la mesa y empezar a gobernar mediante decreto. Era un enero de confusiones para muchas organizaciones políticas cuando se anunció, mediante cadena nacional, el decreto de necesidad y urgencia 70/2023 que entre otras leyes, pretendía derogar la ley de tierras.
El grupo de whatsapp del Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata (CECIM) comenzó a sonar a la par que continuaba la cadena nacional. Una de las particularidades que se mencionaba era que el anuncio había sido realizado sobre el cierre de diciembre, momento en el cual estaba vigente la feria judicial. “Algo tenemos que hacer. Hay que actuar” se leyó en el grupo. Días más tarde se presentó una acción de amparo.
Los integrantes del CECIM cuentan que el nacimiento de la organización se gestó durante la guerra, más precisamente en el bombardeo del 1º de mayo. En ese momento combatían en Monte Longdon e integraban la compañía B del Regimiento 7. Allí Fernando Magno, el primer presidente que tuvo la organización, les mencionó a sus compañeros que quienes “volvieran” al continente tenían la obligación de armar el Centro. Y así fue. Entre La Plata, Berisso y Ensenada fueron casi 400 los ex combatientes que volvieron, y que posteriormente, marcarían un punto de partida para la consolidación de los primeros Centros de Veteranos.
El CECIM tuvo, entre sus primeras políticas, luchar por la inserción social: Que aquellos hombres que pudieran volver, puedan recuperar su laburo. Tener contención. Volver a reconstruir su vida. “El soldado conscripto, colimba, se juntaba porque estaba enojado, porque tenía cosas que hacer entre todos. Las primeras luchas nos juntamos para ver que tipo de protección podíamos tener. Porque cuando volvimos de Malvinas, los militares volvieron a sus cuarteles, y nosotros nos tiraron a la calle”, contó Luis Aparicio, integrante del CECIM, en el streaming Uno Tres Cinco.
Fue así que una de sus primeras gestas estuvo marcada por la obtención de pensiones y la cobertura social. “Empezaron a surgir problemas y situaciones porque no todos reaccionabamos a la posguerra de la misma manera” completó. Desde ese punto de partida, el CECIM se “prometió” defender a cuestas el territorio argentino. Y ese argumento, 41 años más tarde, sería el que haga caer la derogación de la ley de tierras.

Jerónimo Guerrero Iraola, abogado de la Organización y encargado de haber llevado a cabo la estrategia judicial de ese entonces, explicó que lograron “habilitar” la feria judicial gracias al fallo de la Cámara de Apelaciones Federal de La Plata, y que el juez de la causa había decidido rechazarlo porque el CECIM “no estaba legitimado para llevar a cabo esta acción”.
“Así como el Estado decidió enviar a los soldados a la Guerra en el 82 para defender la soberanía nacional; el estado en este caso, y por vía de decreto, estaba realizando algo que era un contrasentido ya que estaba habilitando la extranjerización de la tierra por vía de la venta de enormes cantidades de tierra en nuestro país, pero con legalidad manifiesta”, explicó Guerrero Iraola. La medida fue aprobada, pero actualmente se encuentra con un recurso de “queja” impuesto por el Gobierno Nacional, en la Corte Suprema.

Entre expedientes y símbolos de Malvinas convive el veterano Alberto Curieses, en el bloque de Fuerza Patria, en el corazón del Concejo Deliberante de Luján, donde actualmente se desempeña ad honorem, como secretario de su hijo Martín Curieses, concejal de la ciudad. Se mueve con una naturalidad que oculta las cicatrices de una vida marcada a fuego por la guerra. Pero para entender su historia, hay que retroceder el reloj hasta el barro, el frío y el rugido de las fragatas.
Nacido y criado en Luján, en el seno de una familia de laburantes, como a muchos de su clase, le tocó hacer el servicio militar obligatorio: En marzo de 1982, con apenas 18 años, ya tenía la baja en el bolsillo, y estaba preparado para retomar con su vida de civil. Sin embargo, el 7 de abril la historia le pateó la puerta: un telegrama le ordenaba reincorporarse al Regimiento Mecanizado 6 de Mercedes.
Aunque su madre se resistía, Alberto se alistó y se presentó nuevamente en el regimiento: “No había opción. En plena dictadura, si eras desertor, tu familia corría las consecuencias”, recuerda. A los pocos días, aterrizó en las Islas para enfrentarse ante una de las principales potencias con un equipamiento que rozaba lo absurdo: una pistola 9 milímetros y 36 balas.
Pese a que había recibido instrucción como chofer, durante 67 días su labor puso su vida en riesgo en más de una ocasión: “Como había estudiado electrónica, terminé siendo radiooperador en el centro de operaciones del Regimiento 6, en la entrada de Puerto Argentino. Mi función fue salir a recuperar las líneas de cable que se cortaban por los bombardeos”, cuenta.
En las Islas pasó de todo: frío, hambre, miedo y también vio morir a amigos. Pero hay algo que recuerda muy claro hasta el día de hoy, que fue el ataque de las fragatas inglesas, en lo que llamó una “guerra psicológica”: “Tenían horarios para bombardear: a la una de la tarde, a las nueve de la noche cuando íbamos a comer, o a las tres de la mañana. No te dejaban dormir ni pensar”.
El dolor más grande de Alberto no fue el “pie de trinchera” con el que volvió de la guerra, por haber estado tanto tiempo mojado, sino la falta de reconocimiento de un Estado que les dio la espalda y comenzó a tejer el velo de la «desmalvinización».
Lejos de quedarse en su casa, Alberto entendió como lo entendió el CECIM, que había que organizarse para poder pelear por lo que les correspondía. Ese reconocimiento para los miles de pibes que dejaron su vida por la patria y que tuvieron como respuesta una dictadura que les impuso el silencio y el olvido: “Yo me metí en el barro de la política porque entendí que si no estábamos ahí, los derechos nos los pisoteaban. Cada beneficio que hoy tiene un veterano fue arrancado con lucha en la calle, recibiendo palazos y gases de la policía en Plaza de Mayo”.
Junto a cientos de ex combatientes participó en las míticas marchas de Plaza de Mayo durante los años 90: La policía lo «cagó a palos» tres veces mientras reclamaba leyes de veteranía y pensiones. Entre camiones hidrantes y gases, descubrió que ya no tenía miedo: «Morir en la Plaza o morir en Malvinas era lo mismo”.

A partir de allí, fue allanando un camino de puertas cerradas, para cambiar la realidad de muchos pibes que padecieron la posguerra: Y fue clave para gestionar muchos beneficios para los veteranos, como diseñar los centros de atención específicos para veteranos de la provincia de Buenos Aires, en donde muchos de sus compañeros acudieron a recibir un tratamiento acorde, según cada caso.
Hoy, a 44 años del conflicto bélico, Alberto hace memoria y recuerda a aquellos héroes que quedaron en las Islas, pero principalmente a su amigo Sergio Azcárate: “Él es mi estandarte. Fue mi compañero de compañía”.
Por eso es que le duele el presente de un país por el que dieron la vida y un Estado Nacional que abandonó todo tipo de reclamo diplomático: “Me genera impotencia. Discutir con alguien que no tiene historia es imposible. Reivindicar a una genocida como Margaret Thatcher que mató a 323 pibes en el General Belgrano es un insulto a la sangre derramada. Siento que este gobierno regala un país por el que nosotros sangramos”
*Lucas Villavicencio de Desde la Raiz y Leonel Blasco de Ladran Sancho, en el marco de la cobertura de la Red de Medios Digitales