¿Por qué los discas tenemos que ser protagonistas de nuestra propia historia?
- November 29, 2025
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Hay una escena repetida en la Argentina que podría ser un meme, un tango o una tragedia según el día: aparece una persona con discapacidad, un pibe no
Hay una escena repetida en la Argentina que podría ser un meme, un tango o una tragedia según el día: aparece una persona con discapacidad, un pibe no
Hay una escena repetida en la Argentina que podría ser un meme, un tango o una tragedia según el día: aparece una persona con discapacidad, un pibe no hablante, una mina sorda, un flaco ciego o yo mismo y de repente, en lugar de escucharnos, todos empiezan a hablar sobre nosotros. Nunca con nosotros. Siempre por nosotros. Como si fuéramos materias primas de un relato ajeno.
Entonces, la pregunta inevitable: ¿por qué los discas tenemos que ser protagonistas?
Porque si no lo somos, no existe la historia. Y Argentina sabe mucho de eso: de historias contadas a medias. De versiones oficiales que no se parecen a la vida real. De voces silenciadas con buena intención, mala intención o simple costumbre.

La Argentina y su manía de narrarnos mal
Acá hay algo muy nuestro, muy criollo: cuando aparece alguien con discapacidad, se activa el Modo Relato Automático.
Un botón invisible que transforma cualquier situación cotidiana en una postal épica.
-¡Mirá al nene! ¡Con autismo y todo, dibuja!
-¡La chica sorda estudia!
-Ese chico no habla pero piensa.
No sé quién necesita escucharlo, pero todos pensamos.
No es un logro. No es un milagro. Es biología.
La Argentina es un país que se emociona fácil con la épica equivocada. Con el gesto chiquito que no cambia nada. Con la palmada paternalista en la espalda.
Y mientras tanto, las barreras siguen ahí: edificios sin rampas, escuelas que te aceptan “si se porta bien”, sistemas de salud que creen que hablar distinto es estar roto, laburos que nunca imaginan a un disca detrás del mostrador, salvo para inspirar a los clientes.
En un país así, ser protagonista no es un capricho: es una estrategia de supervivencia.
Cuando no sos protagonista, te vuelven decorado.
Y el decorado no decide nada. No elige. No opina. No incomoda. No factura. No molesta.
El decorado existe solo para justificar la escena central, esa que protagoniza alguna persona sin discapacidad que dice cosas como:
-A pesar de todo, él sonríe.
-Ella se supera todos los días.
-Para mí son ángeles.
No me malinterpreten: los ángeles son hermosos en los vitrales de las iglesias. Pero son pésimos ciudadanos. No votan. No discuten. No exigen.
La discapacidad —en Argentina y en el mundo— siempre fue narrada desde afuera. Y cuando te narran desde afuera, te niegan el derecho más básico de todos: definir tu propia vida.
Por eso necesitamos ser protagonistas. Porque si no, siempre hay otro que redacta el libreto.

Foto: Gentileza María Florencia Settepani
Protagonizar no es ser héroe: es ser sujeto
Alguien en Twitter (o X, ahora) suele comentar: “¿Por qué quieren ser protagonistas? ¿No alcanza con integrarse?”. No. No alcanza. Porque integrarse es entrar a un lugar que ya está armado para otros. Ser protagonista es poder armar el lugar. Y no se trata de ocupar el centro de la escena de manera narcisista. Se trata de algo más sencillo y profundo: existir sin pedir permiso.
Significa poder decir: “Este es mi cuerpo, no tu metáfora. Esta es mi voz, aunque salga de un comunicador”. “Esta es mi manera de moverme, hablar, entender, sentir, decidir.”
Ser protagonista no es un rol. Es un derecho.
La incomodidad como motor de cambio
Hay un motivo por el cual a mucha gente le molesta ver protagonismo disca: desarma la comodidad del relato tradicional. Mientras el disca es espectador, la sociedad puede seguir funcionando en piloto automático: Escuelas que no se adaptan. Medios que nos representan como inspiración o lástima. Sistemas que deciden qué terapia “te corresponde” según diagnósticos que ni leen. Empresas que creen que contratar a una persona con discapacidad es beneficencia.
Pero cuando el disca habla -ya sea con voz, con texto, con mirada, con gesto, con CAA, con cuerpo- algo se rompe. El que nunca cuestionó nada se ve obligado a cuestionarse. Ahí aparece la verdadera razón por la cual necesitamos protagonismo: para incomodar donde siempre hubo silencio.
En este país somos especialistas en aplaudir lo excepcional.
El pibe que corre maratones sin piernas. La chica que se recibe “contra todo pronóstico”. El caso de superación que entra en la tele porque produce lágrimas fáciles. Pero mientras celebramos esas excepciones, nadie se pregunta por qué son excepciones. ¿Por qué la mayoría no llega? ¿Por qué tantos quedan afuera? ¿Por qué un diagnóstico se convierte en techo en vez de ser apenas una descripción?
A los discas nos ponen en el pedestal de lo extraordinario para no hacerse cargo de lo ordinario: que la sociedad sigue siendo hostil, capacitista y profundamente desigual. Por eso necesitamos ser protagonistas. Para dejar de ser milagro mediático y empezar a ser ciudadanía cotidiana.

Protagonizar es cambiar la gramática del país
Cuando una persona disca toma la palabra, cambia algo más grande que la palabra: cambia la estructura.
Porque Argentina no solo tiene un problema de accesibilidad física. Tiene un problema de lenguaje. Un país que todavía dice “capacidades diferentes”, “pobrecito”, “ángel”, “superación”, “especial” o “no se nota tanto” necesita un diccionario nuevo. Necesita que quienes vivimos la discapacidad -de adentro, con cuerpo, con historia, con bronca y con ternura- reescribamos la sintaxis.
La CAA, los gestos, los ojos, los movimientos, los scripts, las pausas, las agendas visuales, los teclados, los pictos, las repeticiones: todas son formas de lenguaje. Y cada forma de lenguaje trae una forma de mundo. Por eso necesitamos protagonismo: porque la lengua de un país se actualiza desde quienes la usan, no desde quienes opinan sobre ella.

¿Y por qué ahora? ¿Por qué en esta Argentina?
Porque la historia argentina está llena de voces que se silenciaron “por el bien común”. Porque venimos de décadas donde la diferencia se escondía detrás de la vergüenza, del prejuicio, del asistencialismo barato. Porque la democracia prometió igualdad, pero todavía nos trata como borradores.
Porque cuando el país se incendia -económica, social, emocionalmente- los primeros en quedar afuera somos siempre los mismos. Y porque, sinceramente, si no tomamos la palabra nosotros, alguien la va a usar en nuestro nombre para decir cualquier cosa.
Ser protagonista es decidir que no vamos a esperar a que el país cambie para aparecer. Que vamos a aparecer para que el país cambie. Es bancarse que te digan exagerado, intenso, resentido, militante, dramático.
Es decir igual: “Sí, acá estoy. Escuchame.”
Es ocupar espacios que antes nos negaban. Es exigir políticas públicas sin miedo a incomodar. Es meter la cuchara en los debates culturales, educativos y económicos. Es dejar claro que no somos un nicho ni un tema de domingo en la tele: somos parte de este país, tan legítimos como cualquiera.
¿Por qué los discas tenemos que ser protagonistas? Porque sin nuestras voces, Argentina sigue incompleta. Porque si no protagonizamos, nos ficcionalizan. Porque si no ocupamos la escena, nos recortan del plano. Porque nadie debería narrar nuestras vidas como si fuéramos personajes secundarios de su moralina.
Porque queremos decidir. Porque podemos decidir. Porque tenemos derecho a decidir.
Y, sobre todo, porque este país -con todas sus contradicciones, sus crisis cíclicas, y su enorme capacidad de reinvención- necesita más que nunca que quienes fuimos históricamente silenciados nos sentemos, con todas las letras, en la mesa donde se discute el futuro.
No para inspirar. No para decorar. No para emocionar.
Para transformar. «
Material producido en colaboración con Discasta.